Ayer, antes de salir a cenar a un exquisito mejicano (muy aconsejable unas empanadillas rellenas de carne llamadas
gringas), estuve echando un vistazo a la mejor revista rosa del momento, la
Cuore. Es barata, es cool y no pierde el tiempo con petardeo patrio. Definitivamente la número uno. Entre hoja y hoja me encuetro una noticia que reclamó mi atención.
Drew Barrymore, esa actriz tan molona y tan
sepsi, ya tiene nuevo novio.

Tras lucir palmito con
Fabrizio Moretti o con
Justin Long, ahora parece ser que le ha echado el lazo al actor más elegante del momento, el inquietante
Ed Westwick, el mismo que da vida al incomparable
Charles Bartholomew Bass en
Gossip Girl.
Ed es de la estirpe de
Lapo Elkann o
Jaime de Marichalar (no estoy de coña). Tipos elegantes que lo son sin darse cuenta. Son de esas cosas con las que uno nace y no se hace. Sólo ellos pueden llevar o combinar determinadas cosas sin caer en la vulgaridad.

Buscando algo que llevarme a la boca sobre el gran
Lapo, me encuentro con lo siguiente:
"Lapo Elkann estuvo en coma por consumir opio, cocaína y heroína. Lo salvó "Patrizia", el hombre vestido de mujer que llamó al médico. Lapo Elkann estaba en una orgía con travestis, donde incluso se dijo que uno era su pareja. Allí consumió cocaína en exceso y entró en coma".Hay formas y formas de destruirse a si mismo o de rozar la muerte. Todo lo que toca
Lapo se convierte en oro y tiene aroma de grandeza.
Hablemos de televisión un poco. Creo que mi nueva serie de dibujos animados favorita es
American Dad. De un tiempo a esta parte no le hice mucho caso, pero casi por casualidad me he tragado un par de capítulos sueltos y me ha parecido terriblemente entretenida y cabrona.

Tras beber ayer un poco más de la cuenta, mientras desayunaba he puesto mi programa favorito de las mañanas de fin de semana,
César Millán y su manada. Hoy tenía un caso de perro rebelde en la central de
Paul Frank Industries. Amo ese edificio, amo a todas las personas que trabajan allí, con sus tatuajes, con su ropa molona, con sus despachos personalizados... Ellos son tan así que pueden llevar a sus perros al trabajo. Son terriblemente originales hasta para poner nombre a sus canes. El perro
oveja negra del grupo era un pit bull llamado
Big Boy. El día que tenga una mascota le voy a llamar
Big Boy. Huelga decir que
César logró reconducir la actitud de
Big. Amigos, el poder de la manada es así.

Me encanta cuando
César lleva al perro a tratar a su centro y todos los perritos y perrazos de
Millán se acercan al paciente. Da la sensación que le están diciendo mientras le huelen
'no te preocupes tío, estamos contigo. Sabemos lo que estas pasado, ábrete con nosotros'. A
Big sólo le hizo falta decir:
'Hola, soy Big Boy, es la primera vez que acudo a una sesión de este tipo y soy alcohólico'.